ONTOÉTICA PARA LA CONSTRUCCION DE LOS DERECHOS HUMANOS
Por: Doris Leonisa Lopera
Arango & Juan Carlos Mizzar Almanza
En este abordaje reflexivo para la fundamentación
desde una perspectiva ontológica a la ética permite deconstruir las formas de pensar
y actuar según el precepto pablista “cambia tu manera de pensar para que así
cambie tu manera de vivir” (Reina Valera, 1969). Con esta idea previa se
resignifica las experiencias del Mundo de la Vida y confrontando con las
concepciones de Emmanuel Lévinas sobre la alteridad y el valor de la
responsabilidad con el otro, se pretende armar una estructura conceptual,
actitudinal y axiológica que erija una práctica cotidiana internalizada en los
Derechos humanos.
Abordado el paradigma el Ser a partir de la filosofía
platonista los seres son de forma plena, las Ideas; para Santo Tomás el ser
consiste en ser eterno, infinito y dotado de consciencia y voluntad; para
Nietzsche el ser consiste en cambio, temporalidad, nacimiento y muerte e
irracionalidad y los seres son los objetos del mundo fugaz de los sentidos. Con
la ontología parmenídea, “el camino de la Verdad es el camino del Ser, el
camino que postula que el Ser Es, con ello, el Ser pertenece no sólo la
esencia, sino que también la existencia: no hay Ser que no siendo exista y no
hay Ser que no existiendo sea. Este camino es el único que queda como el
verdadero, como el único mito verdadero, la única revelación sacada de la Justicia” (Heidegger, 1988, pág. 31).
Con Parménides se devela que el único camino para legitimar la
construcción de los derechos humanos es el Ser que lleva a la justicia, porque
contiene tanto la esencia como la existencia, una que viene del mundo
espiritual y corporalidad inherentes de su naturaleza. Por tanto, la valoración
ser como camino a la verdad entendida como equidad, igualdad, tolerancia y
responsabilidad con el Otro.
Mucha más tarde, con la primera visión y la que sirvió
de eje fundante para universalizar los Derechos Humanos lo constituye el
iusnaturalismo o Derecho natural que es una teoría ética y un enfoque
filosófico del derecho que postula la existencia de derechos del hombre
fundados en la naturaleza humana, universales, anteriores y superiores (o
independientes) al ordenamiento jurídico positivo y al derecho fundado en la
costumbre o derecho consuetudinario. Desde la filosofía del derecho, el
iusnaturalismo mantiene la legitimidad de las leyes del derecho positivo, esto
es, el conjunto de leyes efectivamente vigentes en un Estado, depende del
Derecho natural, el que una ley haya sido promulgada por la autoridad
competente cumpliendo los requisitos formales exigibles no es suficiente para
que sea legítima. La posición contraria es el positivismo jurídico o
iuspositivismo que considera "derecho" o leyes positivas al conjunto
de normas dictadas por los hombres que se encuentren en concordancia con lo que
establecen dichos principios. Esta visión aflora una gran realidad: “es legítimo resistirse a la autoridad cuando
intenta imponer el cumplimiento de una ley que no es compatible con la ley
natural. El atractivo del iusnaturalismo es que de ese modo se justifica la
resistencia a la autoridad abusiva del Estado”.
Todos estas
concepciones del ser a la ética imbrican procesos históricos, “creados y
constantemente interrumpidos por la iniciativa humana, por el initium que el
hombre es, en tanto un ser que actúa… son los hombres quienes los
protagonizan, los hombres quienes por haber recibido el doble don de la
libertad y la acción pueden establecer una realidad propia (Arendt, 1991.) Así
el accionar con los tiempos ha ido deconstruyendo los paradigmas pasando por la
comprensión del ser desde la ontología hasta la práctica con la ética. En este sentido, el pensamiento de Emmanuel
Lévinas pretende resignificar la idea de condición humana fundamentada en el reconocer
al Otro/ Otra como legítimo Otro /Otra equivalente una postura ética y no
ontológica. No solo se trata de establecerse en el paradigma del ser, a los
“modos de ser” y “a la comprensión del ser” sino a la ética, es decir a la
relación del ser con el Otro/Otra, con la responsabilidad con el Otro/Otra, al
encuentro con el Otro/Otra. Así, responsabilidad en Lévinas es: “la estructura esencial, primera,
fundamental de la subjetividad. Puesto que es en términos éticos como describo
la subjetividad. La ética, aquí no viene a modo de suplemento de una base
existencial previa; es en la ética entendida como responsabilidad, donde se
anuda el nudo mismo de lo subjetivo”…“la responsabilidad como responsabilidad
para con el Otro/Otra, así pues, como responsabilidad para lo que no es asunto
mío o que incluso no me concierne; o que precisamente me concierne, es abordado
por mí como Rostro” (Lévinas ,2000).
Conviene
subrayar que la sociedad y la educación actual pasa por una transición de
paradigmas donde cada día se forja el sentido ético del aprendiente, pues de
qué le sirve un cúmulo de conocimientos y multivariadas disciplinas que a veces
pasan por su escolaridad, sin poner en la práctica cotidiana el carácter ético
del hombre como ser dotado de una dignidad sui generis que le otorga unas
perrogativas inalienables e inviolables como son los derechos humanos. Desde este paradigma ético, la educación en
derechos humanos “enseña a mirar de
frente, aunque esa mirada cause sufrimiento, angustia, impotencia. Enseña a que
no se puede dar la espalda y decir “no es asunto mío”. La educación en derechos
humanos es, por definición, una educación para la responsabilidad, es una
educación para forjar “vigilantes” alertas del Otro/ Otra, personas precavidas,
atentas del Otro/ Otra. Pero no por un afán altruista, aunque no estamos
descartando el altruismo, no por una pretensión de una humanidad en abstracto,
sino una humanidad en concreto, identificada en un sujeto histórico, un sujeto
de carne y hueso”. (Magendzo, A, 2007)
Referencias
Cfr. Heidegger, Martin. El Ser y el Tiempo, especialmente el parágrafo
6. F.C.E. México, 1988, pág. 31.
http://www.angelfire.com/nv/filofagia1/parmeni2.html.
Emmanuel Lévinas, Ética e infinito Graficas
Rógar, S. A Madrid –España, Segunda Edición, 2000.
Hannah Arendt. 1991. ¿Qué es la
Libertad? Zona Erógena. Nº 8.
Magendzo (2007). X foro
institucional de filosofía “Emmanuel Lévinas, camino a los derechos humanos”. Educación
en Derechos Humanos. Universidad católica de oriente facultad de educación
programa licenciatura en filosofía y educación religiosa Rionegro, Antioquia,
octubre 9 de 2007.
LA DESNUTRIDA FORMACIÓN DEL JUICIO MORAL EN LA ESCUELA DETERMINA LA DECADENCIA DE LA EDUCACIÓN EN DERECHOS HUMANOS
Doris Leonisa Lopera Arango
Juan Carlos Mizzar Almanza
“El hombre moral
no es meramente aquel que desea
hacer lo que es correcto y lo hace, ni el hombre sin culpa, sino aquel que es
consciente
de lo que está haciendo”.
(Hegel 1770-1881)
A propósito de la indefinida pérdida de
valores humanos, el irrespeto y la intolerancia crecen ad infinitum traspasando
todas las esferas y ámbitos de la vida cotidiana. Desde esta mirada las exigencias
de una educación que garantice el desarrollo moral y ético basado en la
formación real de valores y la búsqueda de una construcción de significados de
vida a partir del desarrollo de los procesos mentales, enfrentada con la
insuficiencia de sostener esfuerzos que garanticen el desarrollo de habilidades
cognitivas que puedan acompañar la toma de decisiones éticas, devela una acción
moral perfilada a la emisión de juicios de valor, fruto de una construcción de
significados de vida, y no exclusivamente cubriendo de manera paralela al
propio desarrollo humano preceptos y cánones establecidos desde afuera.
Ya se sabe los efectos de las escuelas poniendo el énfasis
en estrategias técnico-burocráticas para resolver los problemas al estilo de
ejecutivos empresariales y que han socavado los ideales de la educación moral.
De esta forma el psicólogo norteamericano
Lawrence Kohlberg (1927-1987), apunta
en la idea de construir una “sociedad justa” a través de la enseñanza inspirada
en los ideales morales de la justicia, la
democracia y la comunidad. En este sentido, se deduce que las escuelas pueden
incorporar en sus instituciones y su cultura nuestros valores más preciados,
enseñando a los estudiantes a comprenderlos y practicarlos.
Aquí se parte de la base que el proceso moral y
ético debe mirarse desde la familia, enfáticamente, y las instituciones educativas. Partiendo de la comprensión que
las instituciones educativas son un espacio de confrontación y de disputa entre
diferentes concepciones
y prácticas, unas más liberadoras y emancipadoras del espíritu humano, otras
envilecedoras, castrantes y dogmáticas, se requiere una mirada crítica sobre
las instituciones educativas colombianas intentando proponerles correctivos,
debemos de cuidarnos de los esquematismos y prejuicios que invalidan o validan
con prontitud los sucesos. Para Lawrence
Kohlberg, el desarrollo del juicio y del razonamiento moral del ser humano
atraviesa tres niveles, a los que llamó preconvencional, convencional y postconvencional,
en donde el término convencional significa someterse a reglas, expectativas y
convenciones de la sociedad y de la autoridad, y defenderlas precisamente
porque son reglas, expectativas o convenciones de la sociedad, un
individuo puede detenerse en una etapa o progresar hacia el nivel
posconvencional, gracias al aprendizaje familiar, escolar y social. El
primer nivel es típico en los niños (nivel preconvencional o premoral), y el
nivel convencional o nivel moral corresponde a la mayoría de los adultos. Sólo
unos pocos acceden al tercer nivel posconvencional.
Lawrence Kohlberg
ubicó siempre el énfasis en la necesidad de que las escuelas públicas impartan
una enseñanza moral, para transmitir a todas las capas sociales los valores consensuales
de la sociedad. Las siguientes condiciones son aspectos esenciales
de la atmósfera moral de una escuela y tienen la mayor influencia sobre el
juicio y la conducta morales:
ü
Discusión abierta centrada
en la justicia y la moral.
ü
Conflicto cognitivo
estimulado por el contacto con puntos de vista diferentes y razonamiento de
etapa superior.
ü
Participación en la creación de reglas y en el
ejercicio del poder y la responsabilidad.
ü
Desarrollo de la comunidad
hacia una etapa superior
Asumir la enseñanza bajo el
tratamiento de situaciones problemáticas de tipo social constituye una forma de
generar preguntas interesantes. Además, esto se complementa con lo expuesto por Kohlberg, se tiene que el trabajo con dilemas es extraordinariamente
valioso en educación moral ya que el razonamiento moral se pone en marcha ante
situaciones problemáticas; la discusión entre iguales y en un clima de
participación puede favorecer el desarrollo del juicio moral y la comprensión
del punto de vista del otro y, finalmente, nos permiten trabajar la dimensión
comunicativa (Linde,
2009). Dilemas planteados por el profesor desde cualquier asignatura,
independientemente de la educación ética y en valores, referidos a situaciones problemáticas
cotidianas y del Mundo de la Vida que lleve los estudiantes a reflexionar y
proponer juicios valorativos para despertar la conciencia moral desde el nivel
inicial hacia el superior.
Una de las causas que ha generado la pérdida
de valores es la materialización por encima de la propia humanidad, todos somos
iguales ante la ley. En este mismo sentido, Emmanuel Lévinas señala que: “El respeto al
otro y a la otra, al negro igual que al blanco, al pobre como al rico, al
minusválido o al cero positivo, como al que cumple los requisitos de la
normalidad –terrible palabra que vertebra y ordena nuestras sociedades-, es
también un hábito que se adquiere, como todos los hábitos por repetición de
actos, por la insistencia en comportamientos dirigidos a desterrar cualquier
forma de separación del diferente por el simple hecho de ser distinto. La
escuela y los centros educativos –también por supuesto, la familia- son los
espacios idóneos para la formación de tales hábitos” (Serna Sánchez). La escuela recibe el encargo de ir
más allá de lo puramente formativo de ciudadanos y trabajadores para entrar a
generar dispositivos pedagógicos que faciliten el aumento de la capacidad de
los individuos para ser sujetos autónomos con conciencia de la heteronomía de
su propia individualidad. Se trata de abordar conocimientos, normas e
imaginarios, centrados en la formación de una personalidad centrada en la ética
de la alteridad.
La formación del juicio
moral en el niño o joven actual es una tarea que debe considerarse seria por
los multivariados paradigmas de facilismo, búsqueda de confort, consumismo
alienante, que lleva a descarrilarse de las sendas de la justicia, el respeto
por la naturaleza y los conflictos en la convivencia social. De manera independiente
de lo justo o no de la concepción iusnaturalista y en general de todo
liberalismo moderno, lo que debe interesar son las consecuencias para una
fundamentación de la ética y la moral de un punto de vista que se centra en el
individuo autoconsciente de su subjetividad y dignidad, como valores
primordiales. En este contexto, Emanuel Kant, quien reconoce la “insociable
sociabilidad”, de los humanos, formula
la idea de una fundamentación moral a partir de un uso de la razón universal,
capaz de abstraerse de toda consideración contingente y circunstancial, que
como suprema legisladora sea potente, por sí
misma, de fundamentar normas y máximas de comportamiento moral en las
personas, como un deber de la voluntad del bien, por encima de toda inclinación
individual. Cabe explicitar que la relación en la que el niño construye esa
primera conciencia moral es una relación de autoridad, de presión, de
asimetría. El primer sentido del deber moral es un deber heterónomo que se basa
en la costumbre y en la autoridad, y que sigue a la anomia, se transforma
mediante un largo y complejo proceso en una moral racional (M.E.N, 1998).
Desde Habermas la razón
que se pregunta por el bien o por el mal, por lo justo o injusto, es un
producto de la interacción social, se construye en el contexto de la
internalización de normas sociales; el yo es una creación de la sociedad. De
este modo, la moralidad se construye gracias a un proceso comunicativo libre de
dominación. Parte de la base de que la vida colectiva se realiza a través de
acciones comunicativas en las que los individuos están en posición de hablante
y oyente tratando de entenderse. Esta acción comunicativa tiene unos requisitos
de validez y unas reglas que suponen en todo caso, que las personas se
reconozcan como interlocutores válidos. Según Adela Cortina (1991) “esta
actitud dialógica, es la única solución que se puede adoptar para construir un
mundo verdaderamente humano” es decir justo. Con esto, plantea la necesidad
social de construir un pluralismo que en contraposición con el politeísmo
estaría basado “en compartir unos mínimos morales desde los que es posible
construir juntos una sociedad más justa, y en respetar, precisamente desde esos
mínimos compartidos, que cada quien defienda y persiga sus ideales de
felicidad”.
Es
claro al considerar que la educación en aspectos morales implica necesariamente
la elaboración de juicios producidos a partir de la construcción de
significados y además de que, para hablar de un pensador eficiente deberá
atender criterios lógicos, elaboración de productos creativos y evolución ética
de sus acciones; tanto Mathew Lipman
(2005) como los griegos insisten en que la belleza, la verdad y el bien juntos
deben estar balanceados para lograr un desarrollo humano pleno, sustentado en
modos del pensamiento y juicios que se traducen en acciones de vida. Para Lipman las emociones no son exclusivamente
situaciones acompañantes o consecuencias psicológicas de reacciones
fisiológicas de ciertas creencias; las emociones en sí mismas son juicios,
aunque de una modalidad diferente a un juicio lógico. Y el principio de un
pensamiento valorativo es un estado cognitivo-mental que se expresan en
experiencias como indignarse, apreciar, enfocar, relacionar, apropiarse y
preservar; todo esto ante asuntos o alternativas que se presentan y que se aprenden
a sentir y a la vez pensar con respecto de algo o de alguien de manera
apropiada.
De acuerdo con Matew Lipman, la educación en
valores supone una clarificación de su concepto. A continuación se describen
las diferentes adscripciones de “valor” que el autor plantea para
poder distinguir aquellos que precisan de un juicio ético de los que no:
Ø Valores
como asuntos de importancia: la
persona asume esto como parte de sus necesidades individuales o sociales, por
ejemplo: el valor de la luz del sol, de la alimentación, etc.
Ø Valores como satisfactores: alude a ciertas experiencias agradables que para cada uno es un valor y
no solamente un asunto de importancia; la línea a seguir es descubrir que
experiencias previas anteceden esta satisfacción, así como que tipo de
sentimientos y afectos se correlaciona con ellos.
Ø Valores
como tipos de satisfacción: La preferencia sobre ciertas experiencias, objetos
o personas aplicada para una satisfacción a nivel personal se encuentra totalmente
asumida, tanto que se aplica como una norma general o sirve de referencia para
evaluar las preferencias de los demás.
Ø Valores
como actitudes: Implica una disposición hacia la acción y de
alguna forma prediseña una cualidad que se manifestará en acciones y
situaciones determinadas.
Ø Valores
como creencias: Se hace
referencia a algo que se cree en función de un deber ser y no solo un hacer, la
afirmación o negación de un hecho no implica juicio moral. Por ejemplo, “Creo en el arco iris o no creo en los
fantasmas”. Lo valorativo incluye categorías aceptadas a partir de una
posición. Por ejemplo, creo en los valores familiares, o no creo en la
oligarquía.
Ø Valores
como ideales: La base
afectiva y el juicio ético consideran lo apropiado o inapropiado de los ideales
asumidos como estilos de vida. Con relación a los ideales supuestos serían: “el
ser humano necesita una red afectiva dentro del núcleo en el que nace por lo
que debemos luchar por preservar los valores familiares” “En cualquier parte el
valor de los ciudadanos debe respetarse ante todo y un sistema de oligarquía
los contempla”.
Ø Valores
como definiciones: una cosa es
aceptable si concuerda totalmente con una definición preestablecida por el
diccionario, teorías o postulados en el cual se cree o se hace referencia.
Ø Valores y patrones: En este caso los valores solo son utilizados como criterios para
darles un tipo de medida y sobre la base de esto establecer un valor que en sí
mismo ya está validado por un patrón normalmente de cuantitativo. Por ejemplo,
si el buen estudiante es aquel que obtiene un promedio mayor a 4.5 entonces yo
no puedo considerarme un buen estudiante ya que promedio es de 3.7. La
evaluación se deja en función de lo externo que da una acreditación más no un
juicio personal valorativo.
Ø Valores como medio: aquellos objetos, experiencias o normas que adquieren su valor con
relación a lograr un fin y podrían ser catalogados como mejores o peores en
función de lo esperado. Sin embargo una vez lograda la meta el medio pierde su
valor. Regulan la acción parcialmente y su vigencia es limitada, sin embargo
pueden fortalecer valores reales como ideales o creencias.
Ø Valores como juicios lógicos: Este tipo de valor se obtiene a partir de la deducción de un par de
premisas entre las cuales la primera se considera verdadera por definición y en
la segunda aparece una acción específica que ejemplificará la generalización de
la primera, como conclusión la tercera premisa se valora lógicamente
válida, una vez que lo primero es
aceptable:
ü Todos los buenos padres son cuidadosos de sus hijos
ü Mis padres cuidaron de mí
ü Se sigue que mis padres son buenos padres
Esta
caracterización ofrece una aportación para apoyar en la enseñanza el manejo de juicios éticos y promover el
desarrollo de habilidades cognitivas y de vida para una comprensión global de
los educandos consigo mismos y en relación con su entorno. Por eso el autor
cataloga el pensamiento cuidadoso o valorativo como una ética del compromiso,
del discernimiento y del aprecio; ya que el fracaso más evidente en la vida
moral es la pobre percepción y apreciación de las otras personas y especies y
la forma para superarlo será el desarrollo de la empatía y de una sensibilidad
a las necesidades de los otros a través del diálogo en el que se comparten
creencias, perspectivas y compromisos morales.
El
trabajo en el desarrollo de valores tiene que ver por lo tanto con el
desarrollo del pensamiento del cuidado o valorativo, que fortalecerá la
capacidad del agente moral, éste sujeto capaz de asumir su posición ética sin
importar las corrientes externas que le incitan a dar prioridad a la
satisfacción a corto plazo, el beneficio económico y la pertenencia social a
costa de su autenticidad de conciencia moral. La gente necesita de los demás,
aún a costa de tensiones y por otro lado la sociedad contemporánea conflictiva
no siempre le ofrece un ambiente seguro. Es preciso atender el pensar desde lo
afectivo en lo moral, como el núcleo de hábitos y tendencias que orienten la
acción y la toma de decisiones. Es posible decir entonces, que un proceso de tan profundas
implicaciones para cualquier sociedad, como es la formación en valores, debe
abrirse a una doble mirada, que va más allá de las fronteras, pero que asume la
percepción del mundo desde lo que se es, como formación social y como actor
perteneciente a ella.
El
Ministerio de Educación Nacional discurre en que la educación ética y moral en
todas sus formas y en todos los momentos, debe tener como uno de sus fines la
lucha contra la doble moral que separa y coloca en oposición lo que se dice y
lo que se hace; doble moral que tiene tanto peso en nuestra vida social y que
genera de un lado escepticismo y rechazo de parte de nuestros jóvenes hacia
todo lo moral en su conjunto, y de otro genera también un facilismo, dado que
la educación moral se resuelve mediante una prédica que hace el adulto (padre
de familia o maestro), o se reduce a unos enunciados que se consignan en un
texto, o se quedan en un documento que contiene el “proyecto de educación moral de la
institución”. El logro de una coherencia
y consecuencia entre la teoría y la práctica, es uno de los retos más grandes
de la educación. De igual manera, el maestro debe de apropiarse de la pedagogía
en Derechos humanos para que pueda
legitimar verdaderas prácticas y contribuir a instaurar la cultura en Derechos
Humanos y de respeto por la dignidad humana. Asimismo, plantea que no existe una única vía para la formación del
sujeto moral, ni tampoco una senda segura para el logro de la felicidad tanto
individual como colectiva.
De
otra parte es necesario precisar que el propósito de la educación en Derechos
Humanos es la formación de un sujeto de derecho. Un sujeto de derecho tiene la
capacidad de fundar sus juicios asumiendo una postura crítica y flexible, ha aprendido a ver que los
éxitos de los demás y los fracasos propios no son
necesariamente productos de una injusticia sino que en del poder de
actuar en el mundo, en la capacidad de conferirle sentido y valor a su
existencia y no vivir de juicios ajenos, es decir no delega en los demás
la autoridad para emitir los juicios que le importa. De esta forma,
un sujeto de derecho es alguien que no orienta sus actuaciones con
el fin de complacer a otros y de que sean ellos en los que tenga el
poder de discernir si su vida tiene o no sentido. Es capaz de
tejer su futuro, de autoafirmarse y de autoestimarse, de “pararse sobre sus
propios pies”, de situarse como ciudadanos comprometido con el bien
común, de sociedad.
Finalmente, sin maestros y
dirigentes éticos, con desnutrición ética y moral, formando proyectos de
ciudadanos individualistas y egoístas, se estará legitimando en todo momento la
mismidad y la marginación del reconocimiento del Otro. Procurar entonces, la
formación de sujetos de derecho: estudiantes, padres de familia y maestros, capaces de hacer uso de su libertad
examinando sus límites, de reivindicar el ideal de la igualdad, reconociendo la
diversidad y de valorar la solidaridad para desarrollar una actitud
de respeto mutuo, que conlleve a
la aceptación del otro como un legítimo otro, como un ser diferente de mí,
legítimo en su forma de ser y autónomo en su capacidad de actuar y exigir
que otros tengan una actitud semejante con él.
Referencias
Cortina,
A. (1994). La ética de la sociedad civil. Madrid: Aluda
Anaya
HABERMAS, J., Conciencia visual y acción
comunicativa, Barcelona, Península, 1991.
Linde Navas, A. (2009). La
Educación Moral Según Lawrence Kohlberg: Una
Utopía Realizable
Mardones,
J. (1995). “Democracia y ética civil”,
en: Revista Praxis Filosófica, No. 5, U. del Valle.
Martínez, M y Buxarrais, M. (1996). “La educación del hombre y del ciudadano”. Educación
en valores y desarrollo moral, Instituto de Ciencies de l Educación
y la Organización de Estados Americanos OE, Ministerio de Educación
Nacional. Universidad De Málaga.
Recuperado de
http://Redalyc.Uaemex.Mx/Redalyc/Pdf/2090/209014646001.Pdf.
M.E.N. (1998).
Serie lineamientos curriculares: Educación ética y Valores humanos. Recuperado de
http://www.mineducacion.gov.co/1621/articles-89869_archivo_pdf7.pdf.
PIAGET,
J. (1983). El criterio moral en el niño.
Barcelona: Fontana.
Rorty,
R. (1971). Teoría de la justicia. México: Fondo de Cultura Económico.
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